jueves, 25 de agosto de 2016

El problema de la cubanía

De nuevo el periodismo ¿La última carta de la baraja?

 

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Lo confieso. Soy una lectora fiel de Cartas desde Cuba. Lo leo para enterarme de lo que se mueve en Cuba, de lo que pasa en el mundo y nos puede afectar. A veces, para buscar una segunda voz, otro prisma de un asunto que siempre me resulta interesante, aunque no lo comparta.
Lo leo porque es balanceado, y además de los materiales de Fernando Ravsberg, se hacen excelentes selecciones de la prensa oficial de Cuba y de los blogs, de modo que de muchas maneras me hace más fácil el hecho de estar o por lo menos sentirme informada. Y como yo, muchísimos otros.
Ahora mismo hay olas contra ese blog, no sé si campaña o personas unidas por algún tipo de concatenación universal -para no ser tan paranoica-, pero en la práctica la gente, los cubanos de adentro con conectividad y de afuera, incluidos muchos periodistas, lo leen y lo siguen, y se dan por enterados en esa página de temas que deberían haber sido publicadas en los medios oficiales, y hablo ahora de Fernando, pero lo anterior se vale para Oncuba, Progreso Semanal, El Toque…., sino miren y verán.
En Cartas desde Cuba he leído el alcance de la vacuna cubana contra el cáncer de pulmón y lo de los indios importados como obreros en una obra de la construcción en la Isla. He encontrado lo bueno, lo malo y lo regular.
Ahora se le demoniza como si tuviéramos tiempo suficiente como para perderlo criticando el periodismo que hacen otros, cuando sería mucho más productivo -para adeptos y opositores- trabajar para hacer nosotros uno mejor, mejor que el que hacemos y mejor que el de Fernando, si es que la idea es “darle en la cabeza”.
La prensa cubana, la prensa oficial cubana, no está en desventaja con los medios digitales, o por lo menos no es una desventaja en principio.Ellos no son los reyes todopoderosos y nosotros los pobres vasallos a sus expensas. Estamos, en todo caso, al mismo nivel, con las mismas armas, si no es que las nuestras son mejores.
Los medios oficiales tienen periodistas trabajando exclusivamente o casi exclusivamente para ellos, y tienen los canales para que sus contenidos tengan un largo y fácil alcance. Los medios alternativos solo pueden ser vistos en internet, quizás en el paquete semanal, o sea que su alcance, al menos dentro de Cuba, es mínimo.
La existencia de unos no implica el descrédito obligado de los otros. El buen periodismo de unos, no implica el mal periodismo en los otros, y que conste que para mí el buen periodismo no es necesariamente el que se hace en los medios alternativos, como tampoco el malo se hace exclusivamente en los oficiales.
Pero digamos que, a pesar de todo, nos sintamos irremediablemente en guerra. Entonces, es lícito defenderse, esquivar, atacar…, pero con ética, con medida, con sentido de lo necesario y lo justo.
Yo, por ejemplo, no estuve de acuerdo con la expulsión del colega de Holguín, primero por simple solidaridad con alguien que comparte mi profesión, y segundo porque noté muchas cosas fuera de lugar, mucho de escarmiento…, pero incluso si la hubiera apoyado, no podría compartir, por ejemplo, lo que publicó en su perfil en facebook -un perfil que, acorde a su cargo, se considera institucional-la vicepresidenta primera de la UPEC, cuando acusó a Pantoja de querer buscarse un puesto en la prensa de Miami y, por si no fuera poco, insinuó que se debería expulsar a Ravsberg del país.
Nunca es buena la fórmula que para elevarnos requiere de hundir al otro. Si tenemos algo que decir, digámoslo y hagámoslo bien. Tenemos los medios, tenemos las fuentes, tenemos el tiempo, las computadoras, la internet que no es solo para colgar fotos de los nietos o replicar lo que escribe otro.
Yo creo en la libertad. Creo, por ejemplo, en la libertad de Cuba de querer ser libre, aunque sea a la sombra de la potencia militar y económica más grande del mundo, y que la ansía desde hace décadas.
Creo en la libertad del periodista o del cubano que vive en Cuba de creer y decir que vive en un país en el, a pesar de las carencias, hay educación gratuita, y salud gratuita, y que tiene muchas otras cosas buenas, y crece o eso intenta…, como también creo en la libertad de quien ve una Cuba diferente o con otros matices.
Y por tanto, me abstengo de buscar fantasmas y potencias malévolas detrás de cada palabra, aunque cada vez son menos los que tienen esa deferencia con los demás. Lo he vivido en carne propia: Si digo que creo en el socialismo, los de la esquina azul me dicen que soy una perra comunista obediente que escribe solo lo que le mandan. Si me atrevo a criticar demasiado, los de la esquina roja empiezan a cuestionar mis afectos. Masoquista que soy, al seguir insistiendo. Masoquistas que somos muchos, por suerte.
Dicho todo lo anterior, lo repito. Soy y seguiré siendo una lectora fiel de Cartas desde Cuba, creo en su derecho a ser, aunque le cambien el membrete.
PD. No quiero un puesto de nada en ninguna parte.



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martes, 23 de agosto de 2016

Un ilusionista en el Palacio de las Convenciones

palacio-convenciones-cubaPor: Javier Gómez Sánchez

¡!Ñooo, que clase de muela!! Era el segundo día de sesiones y ya ni se acordaba de cómo lo habían propuesto para ser delegado al congreso. Llevaba 3 horas sentado ahí y tenía la espalda hecha una w.

Por allá un tipo hablaba no sabía bien de qué. Y él ahí, haciendo como que atendía, hasta cara de serio ponía, mientras disimuladamente se rascaba debajo de la mesa. Y pensaba. Pensaba en lo que se piensa en esos casos: ¨ ¿Cuánto falta para el almuerzo? ¿Habrá pelota hoy? ¿Saldré por televisión?… Deja ver si hoy consigo un refresco de cola, ayer el que dieron era de limón. …Esta buena la carpetica esta, tiene el logotipo pero parece que con cepillo se le cae¨.

En fin esas cosas que se piensan en un congreso.

Sentía ganas de orinar, pero sería la segunda vez que saliera y tenía que pasarle por arriba como a cinco que estaban sentados en su fila. Además la gente lo miraba y eso lo ponía un poco nervioso. Pero bueno, había que estar ahí. Así pensaba mientras aguantaba las ganas de orinar, jugando con la esponjita del micrófono, de esos que tantas veces había visto por la televisión y nunca imaginó que llegaría a tocar. De los que decían Phillips. Se subían y se bajaban, hasta se encendía un bombillito rojo alrededor cuando uno hablaba.

Pero él no iba a hablar ahí. Le tocaba en una comisión, la número… Que iba a discutir el documento ese con el nombre larguísimo. Verdad que lo de hablar era del carajo, pero bueno no iba a quedarse sin pedir la palabra, porque en definitiva todo el mundo lo hacía y metía su muela. De eso había que salir rápido. Precisamente, así mismo como el dentista. Usted da su muela y sale de eso rápido.

A cada rato vigilaba la cámara de televisión ¨¿Lo estarán viendo en su casa?¨ Ah, no, claro si esto no es en vivo. Pero bueno lo graban y ahí a lo mejor sale. Estuvo tentado a saludar a la cámara cuándo hizo un paneo pero se contuvo, no fuera a ser que en el presidencia se confundieran y pensaran que estaba pidiendo la palabra.

Delante de él tenía el documento que se iba a discutir. Estaba duro. Al principio lo miró como Champollion miró la Piedra de Rosetta. Pero luego le fue entrando poco a poco, hasta que se lo leyó completo. Bueno, algunas partes por arribita. En definitiva a él le parecía bien. Había gentes que cuando metían su muela sugerían cosas, como cambiar una palabra por otra. Algunos hasta se tiraban pa´ lo hondo. Como el loco ese que habló de democracia. Que va, eso es una candela, así cualquiera se escacha y se va con la de trapo.

El no, él sabía lo que iba a decir. El sí estaba claro. Lo importante era no estar saliendo con ninguna cosa extraña. Ningún ruido en el sistema. Tu no ves que aquí te embullan para que tú hables y después allá te parten las patas. Que va. Clarísimo estaba él.

Así el tiempo fue transcurriendo, con misma lentitud con que pudo salir de la sala a la hora del almuerzo.

Ahora estaba aquí y después de ese que está hablando le toca él. Y le dan la palabra y él la coge, literalmente, junto con el micrófono. Arranca, y lo que dice va cogiendo forma, y forma y mas forma…Y el clarísimo en lo que está diciendo. Porque ya lo tenía pensado, en cómo iba a empezar. Verdad que una pila de gentes habían empezado igual, pero en definitiva él nunca había sido un tipo original. Y aquí no se trataba de eso si no de estar claro. Y así soltó: ¨Como dijo el Primer Secretario…¨ Y luego la parrafada.

Alguna gente lo miraba. Y él seguía, clarísimo en lo que decía. Algunos lo seguían mirando. O no, en realidad no lo miraban, veían a través de él la pared que estaba detrás. Porque por algún extraño fenómeno, mientras hablaba se había ido empastando. Casi diluyendo. Incluso las palabras se iban haciendo ininteligibles. Hasta que se volvió a la vista de todos, completamente transparente. Solo los espejuelos y la dentadura postiza permanecieron en el aire. Moviéndose. Como flotando. Cuando se movían, parecía como que hablaban.

Incluso parecían que decían algo. Como si él realmente existiera.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com

Tomado del Blog La Joven Cuba.




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